Oscar Yahir Aguilar
Primera Mención Honorífica con su poema «Tríptico del cuerpo» en el concurso Encuentro de Diego Rivera y Henry Moore, organizado por FILibro Canadá, en colaboración con la Galería Nacional de Canadá, 2026.
TRÍPTICO DEL CUERPO
Sala 1: el lienzo espera a ser pintado
Diego Rivera delineó
el silencio de los volcanes recién nacidos.
Su lienzo fue el silencio de los muros
golpeados por el grito colectivo.
Coloreó un sol con espinas de los cactus.
Pintó manos de maíz.
Pintó las nubes cargadas de anhelo.
Pintó el hambre y la sed de la esperanza.
Y los paisajes y las noches en vela
caminaron
sobre la catástrofe de los cuerpos.
Cada trazo fue hecho con la sangre
de un territorio que lo nombró.
Su trazo es el territorio que se resiste al olvido.
Al terminar de respirar
el tiempo
se vuelve piedra de cobre en el paisaje.
Diego trazó la gracia y la desgracia de la fe.
Remojó la punta de su pincel adentro de la llaga.
Sus murales aún se escuchan respirar.
De la tierra extrajo el calor orgánico:
su fiesta
su dolor
su vulnerabilidad
su existencia.
Sus pinturas colocadas en los muros de la contemplación
nos contemplan cuando nos ven salir de la sala.
Sala 2: Esculturas de carne y hueso
Henry Moore
recuperó la memoria de las piedras.
Modeló el boceto con el lenguaje antiguo.
Fundió el espíritu del pasado
con el hierro del presente.
Y las figuras de hormigón y de bronce
se erizaron
al sentir
a sus ancestros caminar por su corteza.
Las formas humanas regresaron de su caída libre:
a sus manos de arcilla
tallando
al sol que rebota entre los bosques.
La naturaleza caminó hacia él
para modelar sus manos
de tierra mojada
de sentimiento milenario.
Hizo del silencio una colina
de una colina
un cuerpo
de un cuerpo
un templo.
Cortó el tiempo con los recuerdos
de un lenguaje quieto, profundo.
Las grietas fueron sus caminos y la piedra su mapa.
La piedra fue su esqueleto y su memoria la carne.
Sala 3. Corazón al óleo, alma de arcilla y Chac Mool
Entre las manos de óleo de Rivera
y las manos de cobre de Moore
un cuerpo antiguo los veía crecer.
Un cuerpo como montaña tallada grieta a grieta.
Una piedra que sueña
organizar civilizaciones con ojos de jade.
Chac Mool preguntó ¿cuánto mide su infinito?
Goteó concreto sobre cuerpos de óleo.
Esperando atravesar
junto con el filo del aire
rasgando
el punto más brillante del horizonte.
Origen de barro.
Pájaros en sus miradas.
Una voz que no se abandona.
Manos erosionadas
como pinturas y esculturas
mordidas por el tiempo
Si no hubiera sido el pincel
hubieran sido las balas.
Si no hubiera sido el cobre
hubiera sido la guerra.
Se sostienen por debajo de un suspiro
queriendo despertar del sueño.
Mora por el cráter de los volcanes
recién nacidos
y expulsa los colores
por los poros de las esculturas.
TRÍPTICO DEL CUERPO
Sala 1: el lienzo espera a ser pintado
Diego Rivera delineó
el silencio de los volcanes recién nacidos.
Su lienzo fue el silencio de los muros
golpeados por el grito colectivo.
Coloreó un sol con espinas de los cactus.
Pintó manos de maíz.
Pintó las nubes cargadas de anhelo.
Pintó el hambre y la sed de la esperanza.
Y los paisajes y las noches en vela
caminaron
sobre la catástrofe de los cuerpos.
Cada trazo fue hecho con la sangre
de un territorio que lo nombró.
Su trazo es el territorio que se resiste al olvido.
Al terminar de respirar
el tiempo
se vuelve piedra de cobre en el paisaje.
Diego trazó la gracia y la desgracia de la fe.
Remojó la punta de su pincel adentro de la llaga.
Sus murales aún se escuchan respirar.
De la tierra extrajo el calor orgánico:
su fiesta
su dolor
su vulnerabilidad
su existencia.
Sus pinturas colocadas en los muros de la contemplación
nos contemplan cuando nos ven salir de la sala.
Sala 2: Esculturas de carne y hueso
Henry Moore
recuperó la memoria de las piedras.
Modeló el boceto con el lenguaje antiguo.
Fundió el espíritu del pasado
con el hierro del presente.
Y las figuras de hormigón y de bronce
se erizaron
al sentir
a sus ancestros caminar por su corteza.
Las formas humanas regresaron de su caída libre:
a sus manos de arcilla
tallando
al sol que rebota entre los bosques.
La naturaleza caminó hacia él
para modelar sus manos
de tierra mojada
de sentimiento milenario.
Hizo del silencio una colina
de una colina
un cuerpo
de un cuerpo
un templo.
Cortó el tiempo con los recuerdos
de un lenguaje quieto, profundo.
Las grietas fueron sus caminos y la piedra su mapa.
La piedra fue su esqueleto y su memoria la carne.
Sala 3. Corazón al óleo, alma de arcilla y Chac Mool
Entre las manos de óleo de Rivera
y las manos de cobre de Moore
un cuerpo antiguo los veía crecer.
Un cuerpo como montaña tallada grieta a grieta.
Una piedra que sueña
organizar civilizaciones con ojos de jade.
Chac Mool preguntó ¿cuánto mide su infinito?
Goteó concreto sobre cuerpos de óleo.
Esperando atravesar
junto con el filo del aire
rasgando
el punto más brillante del horizonte.
Origen de barro.
Pájaros en sus miradas.
Una voz que no se abandona.
Manos erosionadas
como pinturas y esculturas
mordidas por el tiempo
Si no hubiera sido el pincel
hubieran sido las balas.
Si no hubiera sido el cobre
hubiera sido la guerra.
Se sostienen por debajo de un suspiro
queriendo despertar del sueño.
Mora por el cráter de los volcanes
recién nacidos
y expulsa los colores
por los poros de las esculturas.
Oscar Yahir Aguilar nació en Ciudad de México y estudió en la Escuela Mexicana de Escritores.
Colaborando en:
Redes sociales: Yahir Aguilar - Facebook y yahiraguilar30 - Instagram
Colaborando en:
- Antología poética “Caminos Inciertos” Madrid, España.
- Antología poética “Un disparo en la nuca para terminar el verso” Potosí, Bolivia.
- Libro-objeto “Fragmentos” Ciudad de México. Edición “Printing Goes Wilde” Ciudad de México.
- Libro Arte y Literatura Hispanocanadiense 2022 y 2023 Ottawa, Canadá.
- Antología de cuentos “De la sierra madre al universo boreal” Embajada de México en Canadá y Centro Liquidambar.
- Participación en Ómnibus de nueva literatura. “Estación, Migraciones literarias” Sevilla, España.
- Colaborando en el proceso creativo de la puesta en escena “En hora buena” Vancouver, Canadá.
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